En Panamá y el mundo, el ciberbullying se ha convertido en una de las problemáticas más preocupantes entre niños, adolescentes y jóvenes. El uso masivo de redes sociales, junto con la búsqueda de aceptación en los grupos de amigos, está empujando a muchos a participar en conductas de acoso digital, incluso sin medir las consecuencias.
De acuerdo con psicólogos educativos, la influencia de las amistades puede llevar a que adolescentes incurran en actos que no realizarían por iniciativa propia. “En ocasiones, los jóvenes actúan en contra de sus valores para evitar ser rechazados o ridiculizados por su grupo. Ese deseo de pertenecer los hace cómplices de burlas, insultos y hasta difamaciones en línea”, explicó la especialista en salud mental, María del Carmen Torres.
El ciberbullying va más allá de un simple comentario ofensivo. Incluye la difusión de fotos privadas, mensajes hirientes, creación de perfiles falsos o exclusión intencional en chats y plataformas digitales. Estos actos pueden dejar secuelas profundas en las víctimas: baja autoestima, depresión, ansiedad, aislamiento social e incluso pensamientos suicidas.
Las estadísticas de la UNICEF revelan que uno de cada tres adolescentes ha sufrido algún tipo de acoso en línea. En Panamá, educadores advierten que el problema aumenta cada año, especialmente porque los padres y docentes no siempre detectan a tiempo las señales.
Especialistas recomiendan a las familias y a los colegios reforzar la educación en valores, fomentar la confianza para hablar de lo que ocurre en internet y enseñar a los jóvenes a decir “no” cuando sus amistades los incitan a dañar a otros. También subrayan la importancia de denunciar los casos en las plataformas digitales y, de ser necesario, ante las autoridades competentes.
El ciberbullying no es un juego ni una moda pasajera; es una forma de violencia que requiere prevención, acompañamiento y, sobre todo, valentía para no dejarse arrastrar por la presión de grupo.
















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