Sembrar, podar y cuidar plantas estimula el cuerpo y la mente de forma natural, es una práctica que promueve la calma, el sentido de propósito y la conexión con la vida.
A su propio ritmo, cada persona cultiva también su bienestar, la jardinería es mucho más que una actividad recreativa: en adultos mayores, actúa como una poderosa terapia.
Estudios han demostrado que la jardinería reduce el estrés, la ansiedad y síntomas de depresión.
El contacto con la tierra y las plantas despierta emociones positivas y recuerdos significativos. Además, fomenta la paciencia, la esperanza y el compromiso diario, es una herramienta eficaz para combatir el aislamiento emocional.
Desde el punto de vista físico, ayuda a mantener la movilidad, la coordinación y la fuerza, aun con tareas simples, como regar o trasplantar, se ejercitan músculos y articulaciones, esto contribuye a una mayor autonomía y a la prevención de enfermedades. La luz del sol también mejora la absorción de vitamina D y el estado de ánimo.
Incorporar huertos o jardines en hogares y centros para adultos mayores genera espacios sanadores.
La jardinería les devuelve protagonismo, autoestima y alegría cotidiana, es una forma de seguir sembrando vida, aún en etapas avanzadas.
Cuidar una planta, al final, también es una manera de cuidarse uno mismo.















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