Cada 31 de diciembre, en distintos países de América Latina, miles de familias despiden el año que termina con la quema de un muñeco que representa el pasado y todo lo negativo que se desea dejar atrás. Aunque la práctica es común en la región, cada país le da su propio nombre, estilo y significado.
Un ritual simbólico que cruza fronteras
La tradición consiste en elaborar un muñeco —generalmente de tamaño humano— hecho con ropa vieja, aserrín, papel o materiales reciclados. Al llegar la medianoche, se enciende en llamas como símbolo de purificación, renovación y buenos deseos para el nuevo año.
Cómo se le llama en los distintos países
- Colombia: Se conocen como “carranchos” o también como Año Viejo. Suelen representarse con figuras de personajes populares, políticos, o de la cultura del año que termina. En zonas del Caribe y el Pacífico, además, se acompañan con coplas humorísticas.
- Panamá: Se les llama “Años Viejos”, una tradición profundamente arraigada en barrios y comunidades. Muchos panameños fabrican muñecos alusivos a figuras públicas o acontecimientos del año, y la quema suele ser un evento familiar y comunitario. El artista Victor Álvarez, realiza estas obras de arte y son expuestas al público desde inicios del mes de diciembre en el área de Bejuco, Chame.
- Ecuador: Quizá uno de los países donde la tradición es más masiva. Allí también se les llama Años Viejos, y se acompañan con testamentos, textos humorísticos que “deja” el muñeco antes de quemarse.
- Venezuela: Se les conoce como Años Viejos, especialmente en los estados andinos y del occidente del país, donde la quema se realiza en calles y plazas.
- Perú: Se les llama “muñecos de Año Viejo”, y son comunes en ciudades del norte como Piura y Chiclayo.
- Nicaragua: También se practica la quema del Año Viejo, donde el muñeco puede ir relleno de cohetes para hacer más vistoso el ritual.
- México (algunas regiones del sur): La tradición se mantiene en estados como Oaxaca y Chiapas, donde también se queman muñecos para representar el fin de ciclos.
Un ritual que trasciende culturas
Aunque sus nombres varían, la esencia es la misma: dejar ir lo malo, agradecer lo vivido y abrir paso a nuevos comienzos. El acto de la quema se ha convertido en un símbolo de renovación emocional y espiritual que fortalece la identidad cultural de cada país.
En la actualidad, muchos grupos promueven la elaboración de muñecos con materiales ecológicos para reducir el impacto ambiental, adaptando la tradición a los tiempos modernos sin perder su esencia.
















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