En medio de un clima de tensión social y creciente incertidumbre, en la Asamblea Nacional ya reposan tres anteproyectos de ley que buscan modificar, ajustar o incluso derogar por completo la Ley 462, norma que reformó el sistema de pensiones administrado por la Caja de Seguro Social (CSS).
Para miles de trabajadores, jubilados y cotizantes, este debate no es solo técnico ni político: es una cuestión de dignidad, seguridad económica y futuro. Las calles han sido testigos del descontento ciudadano, expresado en protestas, bloqueos y jornadas de lucha impulsadas por gremios, jóvenes y adultos mayores que temen por su bienestar.
Dos de las propuestas legislativas, impulsadas por los diputados Crispiano Adames y Jairo Salazar, buscan restablecer la Ley 51 de 2005, que garantizaba mejores condiciones para el retiro. Ambos aseguran que la Ley 462 “es lesiva” a los derechos adquiridos. Por otro lado, la diputada Alexandra Brenes, del movimiento independiente Vamos, propone reformas puntuales a la actual ley, buscando corregir aspectos que, según explica, dificultan que los ciudadanos accedan a una pensión digna.
🔍 ¿Y qué significa esto para la población?
- A corto plazo, persiste la confusión, la desinformación y la angustia entre los cotizantes, especialmente los trabajadores independientes, que enfrentan una carga económica difícil de sostener.
- A mediano plazo, la falta de reformas concretas podría provocar una caída en la confianza hacia las instituciones, más evasión y un colapso en la sostenibilidad del sistema.
- A largo plazo, el país arriesga una crisis social de gran magnitud si no se logra un modelo de pensiones justo, inclusivo y financieramente viable. La vejez de miles podría verse marcada por la pobreza y la exclusión.
En este contexto, la ciudadanía sigue esperando respuestas claras y soluciones consensuadas. La responsabilidad recae ahora sobre los diputados, quienes deberán legislar pensando no solo en números, sino en las vidas que están en juego.














Deja una respuesta