El reciente retiro de lotes de arroz con mal olor y sabor, distribuidos en las ferias del Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA), ha puesto nuevamente en el centro del debate nacional el equilibrio entre precio, calidad y apoyo a la producción local de uno de los alimentos más consumidos en Panamá.
La Asociación Nacional de Molineros de Arroz (Analmo) solicitó al Gobierno Nacional una verificación técnica rigurosa del arroz retirado del mercado, aplicando la norma COPANIT 75:2023, que exige que el grano tenga buen olor, color y sabor, y esté libre de impurezas o insectos.
Desde el gremio se advirtió que múltiples factores como la humedad, el tiempo de almacenamiento, la rotación deficiente o los problemas en la cadena de distribución pueden incidir en la pérdida de calidad. También recordaron que el IMA inspecciona el arroz antes de recibirlo y que las plantas solo entregan el producto tras recibir el aval correspondiente, lo que limita la responsabilidad directa de los molinos.
En Panamá, el arroz es base de la alimentación, con un consumo anual estimado en más de 154 libras por persona, lo que lo convierte en un producto esencial para la seguridad alimentaria, especialmente entre las familias de menores ingresos.
Frente a las críticas por la calidad del arroz distribuido en ferias, el director del IMA, Nilo Murillo, defendió la reciente importación de 550 mil quintales de arroz en cáscara, argumentando que fue necesaria para garantizar el abastecimiento en las agroferias y agrotiendas que atienden a más de 500 mil personas cada mes. Esta cantidad, indicó, representa una reserva suficiente hasta noviembre, cuando inicia la nueva cosecha nacional.
Murillo también criticó a sectores empresariales que —según él— han intentado «presionarlo» y desprestigiar la gestión del IMA. Aseguró que no permitirá que intereses particulares interfieran con la necesidad de abastecer a la población más vulnerable.
Por su parte, Analmo insistió en la necesidad de establecer una trazabilidad completa del arroz afectado para determinar con objetividad su origen, el molino que lo procesó y la empresa que lo empacó, de forma que se puedan asignar responsabilidades sin generalizar ni afectar injustamente al sector molinero nacional.
El episodio reaviva una discusión clave: ¿Debe priorizarse el bajo costo del arroz aunque eso implique importar producto con menor control de calidad? ¿Y qué impacto tiene eso en los productores locales?














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