Fumar en Panamá: un riesgo que trasciende al fumador

En Panamá, fumar no solo afecta a quien sostiene el cigarrillo, sino también a quienes lo rodean. Tanto el fumador activo como el pasivo están expuestos a sustancias tóxicas que pueden provocar enfermedades graves, lo que convierte este hábito en un problema de salud pública.

El fumador activo recibe de forma directa una mezcla de más de 7,000 sustancias químicas, incluyendo al menos 70 con potencial cancerígeno, lo que aumenta el riesgo de padecer cáncer de pulmón, problemas cardíacos y enfermedades respiratorias crónicas.

Sin embargo, el fumador pasivo —quien inhala el humo sin consumir el producto— también absorbe estos compuestos dañinos. En Panamá, niños, embarazadas y personas mayores son los más vulnerables. En menores de edad, la exposición se asocia con asma, bronquitis, neumonía y el síndrome de muerte súbita del lactante.

La Ley 13 de 2008 y su reglamentación establecen ambientes 100% libres de humo de tabaco en oficinas, transporte público, escuelas, hospitales, restaurantes y otros espacios cerrados. Pese a ello, aún persisten casos de exposición en hogares y vehículos particulares, donde la ley no siempre llega, pero sí el humo.

Las autoridades sanitarias recuerdan que no existe un nivel seguro de inhalación de humo de tabaco. Fumar lejos de otras personas, especialmente en espacios cerrados, y buscar apoyo para dejar el hábito, no solo salva la vida del fumador, sino que protege la salud de su familia y comunidad.

Cáncer de pulmón: el tabaco como principal culpable

En Panamá, el cáncer de pulmón es uno de los más letales, y el tabaquismo representa su principal causa. Estudios a nivel global apuntan que entre un 80 % y 90 % de los casos se registran en personas que fuman activamente o que dejaron de hacerlo recientemente. Incluso, los fumadores pasan de tener un riesgo 10 a 20 veces mayor de desarrollar esta enfermedad que los no fumadores

A escala nacional, datos del Registro Nacional del Cáncer (2011) indican que este tipo de cáncer representaba la quinta causa de incidencia (277 casos por cada 100,000 habitantes) y la tercera causa de mortalidad (264 muertes, con una tasa de 7.09 muertes por cada 100,000 habitantes), afectando principalmente a hombres con una relación de 2 a 1 respecto a las mujeres

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