En los primeros días de vida, un bebé necesita algo más que amor: necesita el calostro, esa “primera vacuna natural” que la madre produce justo después del parto. Rico en anticuerpos, nutrientes esenciales y factores protectores, el calostro fortalece el sistema inmunológico del recién nacido y previene infecciones, especialmente en sus primeras horas de vida.
La leche materna, por su parte, no solo alimenta, sino que protege, conecta y salva vidas. Estudios de organismos como la OMS y UNICEF han demostrado que la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida puede reducir significativamente la mortalidad infantil, fortalecer el desarrollo cognitivo y crear un lazo emocional vital entre madre e hijo.
En comunidades de difícil acceso, donde los servicios médicos son limitados, el calostro y la leche materna representan una herramienta de salud pública insustituible. Además, en contextos urbanos, favorecen el ahorro económico y promueven una crianza saludable y sostenible.
Médicos, promotores de salud y organizaciones comunitarias en Panamá continúan fortaleciendo campañas para derribar mitos, apoyar a las madres lactantes y recordar que amamantar no es solo un acto de amor: es un derecho, un cuidado y una inversión para toda la vida.
“Cuando protegemos la lactancia, protegemos la vida desde su primer instante”, aseguró la doctora Carolina Mendoza, pediatra del Minsa.

















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